Mujeres de Agua, capítulo 1: Haydée, artesana y cultora kawésqar de Puerto Natales
En un testimonio impactante en la zona austral de Chile, Haydée, artesana y cultora kawésqar de Puerto Natales, alza la voz para proteger la tradición del trenzado en junquillo y denunciar el grave deterioro ambiental en la Región de Magallanes.
Haydée Águila, mujer kawésqar nacida en Natales, denuncia la pérdida de acceso al junquillo y el daño a las turberas por la extracción irrestricta de pompón en la Región de Magallanes en el primer episodio de "Mujeres de Agua". La comunidad exige frenar el extractivismo que destruye la reserva de agua dulce y pide adaptar la normativa marítima para ejercer su navegación ancestral.
Para el pueblo kawésqar, el tejido no es una simple artesanía ni un producto para el mercado comercial. Como explica con profunda lucidez Haydée Águila, mujer kawésqar nacida en las costas de Puerto Natales: "Yo no tejo para vender, yo tejo para que no me olvide de dónde soy en el fondo. La memoria es de uno, eso no se vende ni se compra". Esta práctica milenaria encierra la identidad, el aprendizaje visto y la memoria viva de un pueblo canoero asentado ancestralmente en los canales australes.

Sin embargo, mantener este legado requiere una travesía cada vez más difícil. Recolectar el junquillo (conquillo) para elaborar las cestas tradicionales exige viajes de hasta dos horas hacia las turberas. Históricamente, las familias kawésqar acudían a sectores donde la planta brotaba fresca y limpia, pero el ordenamiento territorial ha fragmentado sus rutas. Terrenos que frecuentaron durante generaciones fueron privatizados o transferidos a través del Ministerio de Bienes Nacionales a otras comunidades que prohíben su acceso.
Esta restricción obligó a artesanas como Haydée a desplazarse hacia sectores más lejanos, como Montetari. La recolección guarda un profundo respeto ético por el entorno: antes de ingresar al terreno humedal de la junta de junquillos, el ritual exige pedir permiso a la tierra. "Si sacas un chapaz y no sale a la primera, te indica que no debes sacar porque no es su tiempo; si sale fácil, tienes su autorización", relata la cultora, subrayando que jamás se debe actuar con mezquindad frente a especies que también alimentan al ciervo y a la fauna local.

La crisis se agrava con la extracción indiscriminada de pompón y la alteración masiva de las turberas. El junquillo recolectado en sectores intervenidos presenta un deterioro visible: brotes cortos, duros e inservibles para el entrelazado. "Es penoso ver cómo el junquillo se está secando y cómo han hecho daño a las turberas, siendo que este es el agua del futuro", enfatiza Haydée.
El valor ecológico de las turberas y el despojo territorial
El conflicto que visibiliza la comunidad kawésqar abarca aspectos culturales y una alarma ambiental crítica para el extremo sur de Chile. Las turberas son ecosistemas milenarios capaces de acumular grandes cantidades de materia orgánica en forma de turba. Funcionan como potentes sumideros de carbono y metano, absorbiendo más dióxido de carbono que los bosques continentales y regulando de manera estratégica las reservas de agua dulce de la Patagonia.
En zonas como Punta Arenas y Puerto Natales, el avance de la sequía y el secado de lagunas naturales están directamente vinculados al drenaje y la extracción industrial del musgo Sphagnum (pompón). Esta especie vegetal actúa como una esponja natural única en el hemisferio sur. "La gente piensa que trabajo es trabajo, pero esto es matar un sistema de vida que es el futuro de sus propios nietos", lamenta Haydée tras sostener reuniones con autoridades del Seremi de Bienes Nacionales.

La regeneración de una turbera puede demorar alrededor de 85 años. La extracción acelerada sin un plan de manejo estricto destruye el filtro natural del agua, comprometiendo la subsistencia biológica y climática de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena.
A esta degradación ambiental se suma el contexto histórico de despojo urbano. Muchas familias kawésqar fueron reubicadas por el Estado desde las costas hacia sectores altos de las ciudades bajo promesas de vivienda social. Tras el traslado, las comunidades no solo debieron afrontar el cobro imprevisto de dividendos, sino también el aislamiento de su "jardín" natural: la costa, los canales y el mar.
Voces sobre la pérdida de la navegación ancestral
La pérdida del contacto con el mar representa una fractura en la esencia del pueblo canoero. "Nuestra esencia como kawésqar es navegar, remar y pescar. El ADN de nosotros es ver y aprender", expresa Haydée. Sin embargo, la regulación vigente impone barreras burocráticas que invisibilizan los conocimientos transmitidos por tradición oral.
La Autoridad Marítima y la legislación pesquera chilena exigen certificados de escolaridad de octavo básico o cuarto medio para conceder matrículas de embarcación o licencias de pesca profesional. Esta traba administrativa deja al margen a antiguos navegantes que conocen al detalle la geografía de los canales, la dirección de los vientos y las zonas de resguardo.

"La ley de los marinos pide y exige que tú tengas un octavo o un cuarto medio para que pueda manejar una embarcación, siendo de que mi gente kawésqar ha navegado toda su vida y tiene ese GPS puesto ya en su memoria para saber cuáles son los lugares donde ellos deben estar, y que hoy en día tengamos que estar por lástima pidiendo que nos dejen navegar. Y que más encima hoy día nosotras las mujeres no podamos ejercer el derecho de remar simplemente, no sé a dónde vamos a llegar en realidad", comenta Haydée Águila.
"Antiguamente nosotros navegábamos, salíamos de nuestra casa y recorríamos. Ahora si tenemos un carné, una opción que nos diga ya usted puede salir, pero de idea marítima no podemos salir. Por eso debería haber alguna ley que a kawésqar que es neto o que es descendencia deberían darle al carné que ellos requieren...", señala Héctor, el hermano de Haydée.

"Tengo mi carné de patrón, pero en los años que a mí me lo dieron me hicieron una prueba en terreno, ¿cierto? Atracar una lancha, sacarla y así obtuve mi carné porque no tengo estudio. Pero hoy día ese carné no habilita a la pesca. Es frustrante tener que estar pidiendo por lástima que nos dejen navegar en nuestro propio territorio", añade el hombre.
El testimonio cobra aún mayor emotividad al recorrer antiguos asentamientos e islotes de la zona canalera. Lugares donde antes abundaban abrigos naturales, pinturas rupestres y vestigios de campamentos canoeros hoy lucen solitarios.
Los comuneros recuerdan con nostalgia las faenas de pesca de ostión, la recolección de mariscos y el uso medicinal del aceite de lobo marino. La gran anhelación de los ancianos y cultores es que las nuevas generaciones recuperen ese vínculo.
Así lo expresa Haydée. "Espero que mi gente joven y los niños se enamoren nuevamente de este mar; no somos dueños del mar, pero sí somos dueños de lo que podemos hacer. Quiero que mi gente navegue quizá no como antes, porque jamás lo vamos a hacer como antes, pero sí que respeten la esencia del mar y la esencia de nuestro ser", concluye.
Preguntas frecuentes sobre el tejido Kawésqar y Mujeres de Agua

¿Qué significado tiene el tejido para la cultura Kawésqar?
El tejido en junquillo (conquillo) es un acto de memoria e identidad. No se realiza con fines comerciales, sino como una práctica milenaria que conecta a la artesana con sus antepasados, el mar y la conservación de la historia canoera.
¿Por qué la extracción de turba y pompón afecta al medio ambiente?
El musgo pompón y las turberas capturan carbono y retienen el agua dulce. Su extracción desmedida destruye los humedales, seca los ecosistemas locales y acelera el desabastecimiento hídrico, tardando más de 85 años en regenerarse de forma natural.
¿Qué dificultades enfrentan los kawésqar para navegar en Magallanes?
Las normativas marítimas actuales exigen niveles formales de escolaridad para otorgar licencias de pesca y navegación. Esto restringe el derecho ancestral de la comunidad canoera, impidiéndoles pescar y navegar libremente en los canales de su territorio histórico.
