"Era una jauría": El valiente relato de vecino que recibió martillazo en la cabeza tras frustrar el robo de su camioneta
Álvaro (51), dueño de una pyme de construcción, enfrentó a cuatro delincuentes que lo emboscaron para quitarle su herramienta de trabajo. En medio de un violento forcejeo donde recibió un golpe con un martillo en el cráneo, el vecino logró refugiar su vehículo y terminó con una pista clave: al agresor se le cayó su carnet de identidad mientras huía.
Álvaro, dueño de una pyme, frustró el robo de su camioneta tras enfrentar a cuatro delincuentes en su domicilio. Pese a recibir un martillazo en la cabeza, logró refugiarse. Uno de los asaltantes perdió su carnet de identidad en la huida, permitiendo a Carabineros identificar a un sospechoso de 20 años.
La tranquilidad de un barrio residencial se quebró cuando la delincuencia golpeó con una violencia inusitada. El registro de las cámaras de seguridad, que conocimos en "La Tarde es Nuestra", muestra una escena que estremece: un hombre solo defendiendo lo que es suyo frente a un grupo coordinado de asaltantes. Esta no es solo una crónica policial más; es el relato de un trabajador que decidió decir "basta", poniendo en riesgo su integridad física por proteger el sustento de su familia.
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Un forcejeo a vida o muerte por el sustento familiar
La jornada laboral de Álvaro, un microempresario del rubro de la construcción de 51 años, terminaba como cualquier otra. Sin embargo, al llegar a su residencia en su camioneta —vehículo que utiliza para trasladar escaleras y herramientas esenciales para sus remodelaciones— se encontró con una emboscada. Cuatro delincuentes lo abordaron de forma coordinada: dos por su vereda y dos por el frente, cerrándole cualquier vía de escape fácil.
Al verse acorralado por un sujeto armado, Álvaro reaccionó bajo un impulso de supervivencia y justicia. "Mi reacción fue innata: le tomé la mano para levantarle la pistola y me fui en contra de él", relató la víctima al 13. En ese microsegundo de adrenalina, Álvaro no sabía que el arma era de juguete; para él, la amenaza era letal y su única opción era neutralizarla para ganar tiempo y entrar a su hogar.
El enfrentamiento escaló rápidamente cuando Álvaro logró ingresar a su propiedad y cerrar la puerta. Los atacantes, lejos de huir, comenzaron a golpearlo por sobre el portón utilizando la culata de un arma y un martillo de punta. "Sentí algo líquido y pensé que me habían estocado, pero era sangre del golpe en la cabeza", explicó. Pese a la herida, su resistencia impidió el robo, forzando a los asaltantes a una huida desordenada que dejaría una prueba de oro: al agresor más violento se le cayó su cédula de identidad y su cuenta RUT en el suelo.
La inseguridad y el valor de la fuente laboral
Para Álvaro, la camioneta no es un lujo, es su pyme. "Si no tengo la camioneta, no puedo trabajar", sentenció, aludiendo a que el año pasado su familia ya había sufrido el robo de otro vehículo, lo que generó un trauma previo que detonó su decisión de no ceder esta vez.
El contexto emocional se vuelve aún más denso al saber que la familia de Álvaro presenció el ataque completo en tiempo real. Mientras estaban de vacaciones en la playa, recibieron la alerta en sus celulares y vieron, a través de la aplicación de las cámaras de seguridad, cómo golpeaban al padre de familia en la cabeza. Este nivel de vulnerabilidad tecnológica y física marca un antes y un después en la sensación de seguridad del sector.








