Diego Céspedes estrena en Chile “La misteriosa mirada del flamenco”: “Es una película sobre ternura y amor”
El director chileno Diego Céspedes estrenará en Chile su película “La misteriosa mirada del flamenco” el 12 de marzo, tras ganar la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes 2025. El cineasta conversó con 13C sobre sus logros, su amor por el cine y su visión del mundo actual.
Diego Céspedes es ahora una de las revelaciones del cine chileno. Con tan sólo 30 años, el joven oriundo de Peñalolén y egresado de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad de Chile ha conseguido uno de los reconocimientos más importantes de la industria cinematográfica a nivel global: triunfar en el Festival de Cannes.
El joven ha logrado esa hazaña dos veces. La primera fue su primer cortometraje “El verano del león eléctrico” ganó el Primer Premio de la Cinéfondation en el evento. Un hito que le dio empuje para seguir su carrera en cine y dirigir su primer largometraje.
Fue así como llegó a festivales internacionales con “La misteriosa mirada del flamenco”, cinta que en 2025 ganó la categoría Una Cierta Mirada en 2025, la segunda clasificación más importante del Festival de Cannes.
Tras triunfar en Francia, el filme también fue galardonado con el premio Sebastiane Latino en el Festival de San Sebastián y estuvo nominado en los más recientes Premios Goya 2026 como Mejor Película Iberoamericana.
Un paso exitoso que ha generado expectativa en el público chileno que podrá ver, por primera vez, “La misteriosa mirada del flamenco” en las salas de cine nacional a partir de este jueves 12 de marzo.
Diego Céspedes, el director chileno que conquistó Cannes
A días del gran estreno para los cinéfilos nacionales, Diego Céspedes conversa con 13C mediante una videollamada. El joven director llegó a Chile para asistir a la avant premiere de su cinta, y ha dado una variedad de entrevistas y ruedas de prensa sobre su trabajo, su carrera y el logro en el cine extranjero.
Céspedes confiesa que su llegada al cine ocurrió durante sus años como estudiante. Ingresó a la Universidad de Chile a estudiar Cine y Televisión en 2013, después de que su hermano arquitecto le recomendará no seguir el legado familiar en esa carrera.
“Entré no entendiendo muy bien lo que era el cine. Y siempre lo digo: creo que las clases populares no tienen acceso al cine de autor. Creo que, así como a donde pertenecemos la mayoría de los chilenos, no hay acceso real a la cultura. Y en ese sentido, yo no conocía el cine de autor hasta que entré a la carrera”, confiesa Diego Céspedes.
Aunque cuando era niño le gustaba grabar con cámaras, tomar fotos y ocupar esas habilidades con sus familias. “Mi papá me recordó el otro día que, de hecho, había hecho un cortometraje cuando era adolescente y se me había olvidado. Entonces sí grababa. Pero ya al entrar a la universidad, entré más que nada porque pensé que iba a hacer algo técnico”, dice.
En clases vio películas como “La ciénaga” de Lucrecia Martel, y eso cambió su visión del cine. Desde ahí en adelante comenzó a interesarse por el cine de autor.
“Soy muy fan de la parte documental de Naomi Kawase. Tiene unos documentales personales hermosos. También empecé a ver cine asiático, Tsai Ming-liang, Apichatpong Weerasethakul, que me encantaban, que tenían un ritmo mucho más pausado”, dice.
Luego sumó obras de grandes cineastas como Pier Paolo Pasolini, Roberto Rossellini y Jean Luc Godard. Este tipo de cine lo motivó a escribir. “Me acuerdo que escribí mi primer corto y se lo mostré a mi profe, la Alicia Scherson, que era ayudante, y me dijo: “Ay, escribís muy bien”. Y yo dije cómo: “Ah, ¿sí?”. Dirigí mi primer corto y este corto ganó en Cannes hace ocho años ya”, recuerda.
Además, agrega que una inspiración directa de “La misteriosa mirada del flamenco” viene de los spaghetti western.
“Es más un género que una referencia particular. Esa parte es cuando está la venganza, y también la película se empapó un poco de eso en el resto de sus partes. Creo que sí es una parte importante, pero también viene mucho de la realidad”, asegura.
Diego Céspedes: “El cine siempre ha sido contado desde la clase alta en Chile"
Aun así, en la universidad, Diego Céspedes vivió un choque cultural con algunos de sus compañeros de clase, varios de ellos provenientes de entornos más privilegiados y con un bagaje intelectual mayor, producto de pertenecer a sectores socioeconómicos más altos y, por lo mismo, con mayor acceso a obras de arte y al cine.
Algo que en el fondo termina siendo —señala— “lo que siempre ha sido el arte: algo contado desde una sola clase social. Y el cine particularmente siempre ha sido contado desde la clase social alta en Chile, sobre todo en un país que es incluso más sectario de lo que ya es el mundo”, declara.
Como estudiante se hizo consciente de su clase social y empezó a posicionarse desde ahí. “Cuando alguien es de clase popular o es pobre, o incluso de clase media baja, uno no piensa en eso todo el tiempo, porque estás con los tuyos. Entonces uno dice: “Ah, esto es lo normal”. Pero cuando uno se expone al otro mundo, ahí empiezas a darte cuenta de tu clase social, de quién eres”, agrega.
Ahí, revela, que comprendió cómo se mueve el mundo y lo que quiere cambiar de él. “Sobre todo hoy, que tenemos una ola fascista, neofascista, muy fuerte, donde los discursos de odio se están validando. Entonces creo que hoy es mucho más importante posicionarse y eso no quiere decir que en nuestro cine tengamos que hacer un panfleto, sino simplemente hablar desde las tripas y contar desde otros lugares”, añade.
“Yo siempre digo que, si no se hubiese aprobado la gratuidad en la educación, yo no habría estudiado. O sea, tampoco hubiese conocido el cine. Entonces sí hay una parte que es de uno, pero también son políticas públicas. También es cómo estructuramos la sociedad para que se genere un cambio. Ahí se rompe la idea de que si tú vas y vas lo vas a lograr. Como si lo único que se necesitara fuera esfuerzo. Y no es verdad. El discurso de la meritocracia es mentira, porque está totalmente cerrado por todas partes. Las vías que armaron quienes hablan de meritocracia, en realidad, no existen”, comenta.
Diego Céspedes: "Un gobierno de ultraderecha hace retroceder económica, tecnológica y culturalmente a un país"
Frente a la llegada del gobierno de José Antonio Kast y sus ministros, cuyas ideas van en contra de demandas sociales como las del movimiento estudiantil, Diego Céspedes muestra preocupación y señala que es un retroceso para la democracia.
“Hay que entender también que los gobiernos de ultraderecha están creciendo en todo el mundo, no solo en Chile. Es un discurso populista que se ha instalado en la cabeza de la gente: la idea de que necesitamos mano dura, algo muy relacionado en Chile con el legado de Pinochet y con un mundo conservador” comenta Céspedes y agrega que mucha gente votó al creer que habrá militarización al mismo tiempo en que beneficios sociales seguirán intactos.
“Eso es mentira. El retroceso que vamos a tener puede ser increíble. Un gobierno de ultraderecha hace retroceder económicamente, tecnológicamente y culturalmente a un país a pasos agigantados”, dice el cineasta de forma tajante.
A la vez, piensa que “no hay ningún lugar del mundo donde la ultraderecha haya logrado un gobierno realmente estable. Puede que haya una percepción positiva en seguridad —que es lo que la gente espera— pero el resto se puede ir a la mierda, y pensando que hace cinco o seis años la gente quería mejores pensiones y una mejor vida, eso no ha cambiado”.
Desde su punto de vista, “la gente sigue queriendo eso. La gente sigue viviendo mal, no le alcanza la plata para llegar a fin de mes. Las pensiones de los abuelos son horribles. Entonces, lo poco que la gente estaba luchando se lo terminó comiendo el discurso de la seguridad, que sí es un problema real (...) Me encantaría que el gobierno que yo apoyé hubiese sido más inteligente y hubiese empujado más temas de seguridad, pero no es motivo para comerse todo lo demás. Ahora podemos terminar con una promesa de seguridad que no sabemos si se va a cumplir y con un retroceso enorme en otras áreas”, señala con preocupación.
—Hoy vemos que regresan discursos más conservadores o de odio, incluso entre generaciones jóvenes. En ese contexto, ¿crees que el cine puede ser una herramienta de cambio social?
Este fenómeno mundial de que las nuevas generaciones sean más conservadoras o más derechistas tiene un sentido claro, y yo creo que todos lo vemos. Cuando una generación (que además pasó por una pandemia) nace sin la esperanza de un futuro mejor, viendo que las cosas se caen, que los políticos mienten y que todo se corrompe, empieza a buscar respuestas.
Entonces muchos chicos empiezan a pensar que quizás la idea que tenían nuestros padres —más conservadora— era mejor: la idea de que hay un hombre y una mujer, que al casarse van a conseguir estabilidad, que existe ese peso religioso católico, o incluso una lógica más capitalista de que si uno se esfuerza y compite con el de al lado va a poder quedarse con más.
También está ese discurso capitalista muy masculino. Estas encuestas muestran que son principalmente los hombres jóvenes quienes están votando por la ultraderecha y volviéndose más conservadores. Y no es algo ilógico, porque durante este periodo quienes más fueron cuestionados fueron los hombres: la forma en que debería ser un hombre, sobre todo con el movimiento feminista.
Entonces creo que es una generación que creció en un mundo muy corrupto y que además fue llevada a pensar que el movimiento feminista les iba a quitar su forma de ser. En ese vacío, en ese no entender el mundo y sentir que nadie los quiere, aparece la respuesta contestataria de la derecha, que les dice: “Si votas por esto, si endureces las políticas, si te posicionas contra los inmigrantes y si compites más fuerte por las oportunidades laborales, tú te puedes quedar con más”.
Ese es el discurso que compran, y tiene sentido. Los números lo avalan: quienes más están votando esas opciones son hombres jóvenes. (...) En ese sentido es triste, porque en ese discurso se apunta a las minorías, a las disidencias y a las mujeres como los enemigos del mundo. Ahí empieza a crecer el discurso de odio. Para volver a ese mundo conservador, se plantea que no necesitamos a la gente que piensa distinto. Se dice: “Mantengamos solo al hombre y la mujer heterosexual. ¿Por qué vamos a apoyar a toda esta gente rara que no calza dentro de lo que yo entiendo?”.
Cuando uno mira los números, la clase media y la clase baja no se van a beneficiar. Los únicos que se benefician son los millonarios de siempre. Se están enriqueciendo en Chile y en el mundo. Esa es la única riqueza que crece. Los millonarios hoy son tres veces más ricos que antes. Todo lo que estamos viviendo tiene que ver con ese proceso de acumulación. Cuando un millonario se enriquece tres veces más, el pobre se vuelve tres veces más pobre.
Ahí entra el cine y el arte en general. Ese discurso conservador que se le vendió a los jóvenes como una forma posible de vida es algo que nosotros también tenemos que cuestionar. Tenemos que construir otros discursos.
El arte, el cine y todo lo que genera emoción en el ser humano construye discursos. Esta película no va a cambiar el mundo por sí sola, pero si seguimos hablando de esto, si otros hacen más películas y seguimos hablando de la importancia de la comunidad, de volver a mirarnos a los ojos, de reconocer al otro ser humano, entonces sí se genera la idea de que no estamos solos, de que hay otras formas de vida, de que ese discurso conservador no es necesariamente el que trae seguridad o alegría.
Por eso también digo que yo no escribo películas panfletarias. Escribo desde mi experiencia y desde lo que creo. Obviamente después se politiza, porque yo soy una persona muy politizada, pero creo que hay que empujar igual ese camino.
Creo que parte de por qué la película ha crecido tanto y cada vez llega a más audiencia tiene que ver con eso: tiene un discurso de ternura y de amor. Es un discurso muy simple, muy humano.
Diego Céspedes y el mensaje detrás de "La misteriosa mirada del flamenco"
“La misteriosa mirada del flamenco” es el primer largometraje de Diego Céspedes. La trama se centra en la historia de Lidia, una niña que es criada por una familia LGBT que está marginada en un pueblo minero en la década de los 80.
Su familia es culpada por la transmisión de una enfermedad que se transmite con la mirada y que empieza cuando dos hombres se enamoran. Cuando eso pasa, Lidia emprende un viaje en busca de venganza para su seres queridos.
La cinta fue realizada junto a un equipo diverso. La producción general estuvo a cargo de Nicolás San Martín, mientras que la asistencia de dirección fue realizada por Ignacia Ilabaca y María José De la Vega. La dirección de fotografía estuvo a cargo de Angello Faccini, y el montaje fue realizado por Martial Salomon.
La dirección de arte fue liderada por Bernardita Baeza, con Ingrid Simon a cargo del sonido. La música original fue compuesta por Florencia Di Concilio y el vestuario fue diseñado por Pau Aulí. Además, Claudia Cabezas participó como directora de actores.
La película fue seleccionada para exhibirse en Cannes y competir en una de sus categorías principales. Ese logro, Diego Céspedes lo recuerda con entusiasmo.
“Cuando nos avisaron yo estaba con mi familia. Me intentaron llamar y yo estaba afuera, entonces no contesté la llamada. Después cuando supe me puse a gritar como loco: “¡Qué bacán!”. Llamé a todos. Las chiquillas también estaban llorando, porque significaba que íbamos a ir a presentarla allá. Sabíamos que íbamos a ir con Tamara, Paula, Mati. Entonces era bacán saber que íbamos a poder estar todos y darnos ese lujo de desfilar por la alfombra roja, toda la elegancia y esas cosas”, dice.
Ya en Francia supo que había ganado el premio de una forma poco convencional. Se había ido de fiesta con su equipo y el elenco, y a la mañana siguiente tenían resaca. A primera hora los contactaron para que todos estuvieran presentes en la ceremonia, pero sin decirles qué premio habían obtenido: sólo les informaron que tendrán algún tipo de reconocimiento.
Diego Céspedes pensó que era una sencilla mención antes de anunciar a los grandes ganadores. “Pero cuando anuncian el premio principal dicen nuestra película. Y ahí está el video: estamos saltando como locos. El Mati Catalán, el Carlos llorando. Estábamos en shock, porque no lo esperábamos”, confiesa.
Desde entonces, la película inició una gira de exhibición por distintos festivales y postulaciones a otros premios. "La misteriosa mirada del flamenco" fue elegida por la Academia de Cine de Chile para representar al país en las postulaciones a los Premios Goya y a los Premios Oscar 2026.
“Es bacán que te elijan, porque la Academia de Cine de Chile está bien formada. Se miden cosas artísticas y políticas, entonces es un buen reconocimiento”, reconoce Céspedes.
“Ahora, la campaña del Óscar es imposible ganarla, porque es una huevada de plata. Es un nivel ridículo. (...) Si tienes un estudio grande detrás, tienes muchas más posibilidades. Pero igual fue bonito intentarlo. A veces pasan excepciones, cuando una película se vuelve extremadamente popular…”, agrega.
“Fue bonito igual. Y me gusta porque normalmente a los premios voy con los chiquillos, con la Paula, con el Mati, que les encanta todo eso: las fotos, la alfombra roja, el glamour. Entonces me encanta compartirlo con ellos. Nos invitan a cosas que nunca habíamos vivido. (...) Llevo un año así, en puras cosas que disfruto, pero también las veo un poco alejadas de mi vida. No me nublan la cabeza. Me mueven mucho más las cosas artísticas”, aclara.
Aunque agrega una anécdota que vivió con otro chileno que también logró un hito en el cine a nivel mundial. El joven estaba en Londres cuando se encontró con Gonzalo Maza, guionista de "Una mujer fantástica". Al conversar con él, le comentó que el premio obtenido en Cannes por Diego Céspedes y su equipo era “probablemente el premio más importante del cine chileno en las últimas décadas, incluso más que ‘Una mujer fantástica’”.
Diego Céspedes explica que ganar en un festival de cine es diferente a los galardones de la Academia en Hollywood. “Los premios como los Óscar son campañas políticas y de plata. Los festivales tienen lógicas totalmente distintas: es un grupo que se junta a verlo, es una huevada mucho más democrática. Entonces nosotros logramos un premio, primer premio en una categoría oficial, y eso nunca había pasado en el cine chileno”, indica.
—Pero, ¿qué estaba pasando en tu vida cuando empezaste a trabajar en “La misteriosa mirada del flamenco”? ¿Qué querías contar?
—Para mí es una película que viene de muchos lados. En el sentido más humano, lo que más recuerdo de antes es que vi a mi hermana chica pintarle la uña a mi hermano grande, y mientras conversaban tenían una relación tan íntima. Yo creo que eso inspiró a Lidia y Flamenco, como los personajes protagónicos.
Después había un montón de otras cosas que me movían. El desierto ya me parecía fascinante. Mis papás tenían una peluquería —éramos de población— y en esos años trabajaban con puros chicos gay. Todos murieron de sida. Entonces sí, esa enfermedad de la que mi mamá me contaba mucho siempre me dio terror cuando era chico. Yo creo que inconscientemente también terminé hablando de eso.
Y también está la clase social. Yo tampoco es que lo piense tanto, es que no conozco otra. Entonces me costaría mucho más contar lo que pasa con los "cuicos" que lo que pasa con mi clase social. Los personajes con los que empatizo en el día a día son esos y desde ahí vienen un montón de cosas.
—El mensaje de la comunidad y las familias escogidas desde el amor es el mensaje que querías construir con tu película, pero ¿cómo crees tú que se podría como construir comunidad ahora?
La comunidad es lo que más choca con la realidad, porque estamos en un sistema que te dice que mientras más aprendas a estar solo, mientras más logres por ti solo, mientras más no necesites al resto y seas una persona independiente, más vas a lograr.
Puede generarte recursos, pero también genera un sentimiento de soledad súper grande. Y los países que apuntan más a esto, que han tenido sistemas capitalistas más fuertes, ven cómo crecen los índices de depresión, crecen los índices de enfermedades psicológicas. Es porque la comunidad es necesaria para el ser humano. O sea, el sentido de la vida también se da a través de los otros. Uno no existe si no está el otro. Tu personalidad se construye por los otros.
Y en ese sentido es una película que sí apela, directa o indirectamente, a eso. Te habla de la necesidad de que alguien te proteja, de la necesidad de proteger, de la necesidad de pertenecer, de crearte tu propio nombre, de tener un sentido en una familia que no necesariamente tiene que ser de sangre, de sentir ternura, porque estas personas crearon su familia en medio del desierto, porque las otras personas las rechazaban en la capital. Si hubiesen estado bien en la capital o donde venían, quizás no se hubiesen ido. Pero sí se fueron y crearon su propio mundo ahí.
Eso es lo que conecta con la gente: que todos, independientemente de quién eres, necesitas a las otras personas. Necesitas al resto del mundo para crear tu propio sentido.
—¿Qué te gustaría que el público chileno se lleve después de ver la película?
Creo que es una película que es súper tierna igual. Creo que, a menos que alguien esté muy en contra y vaya súper politizado a verla, no es una película que no te pueda emocionar. O sea, es una montaña rusa de emociones. Creo que es una película que te hace reír mucho, que también te va a hacer llorar y que tiene mucho chilenismo.
Tiene mucho chilenismo y, al mismo tiempo, habla de algo súper universal: de que todos queremos sentirnos queridos. Entonces es imposible no conectar, porque son personajes súper humanos, súper chilenos, más allá de lo que tengan entre las piernas, ¿cachai?
Y eso lo hemos visto con gente cercana. Mi papá siempre llora toda la película. Y es bacán porque lo que genera cuando realmente la gente va abierta —gente de clases populares, como por ejemplo mi papá— es muy bonito. Mi papá es un viejo, ¿cachai?, y va y le explica a otro viejo: “No, ellos son así, es como hay que quererlos así, no tienen nada de malo”. Entonces como que genera un cambio cuando tú quieres que genere un cambio.
Y eso me pone muy feliz de la película: que es súper humana, que no es una película que te impulsa a odiar a otra persona, sino todo lo contrario. Dice como: “Bueno, aquí todos somos un poco raros, aceptémoslo”.
Quiero que el público se quede con una sensación de cambio. Con entender que odiar porque sí no te lleva a ninguna parte y solamente te hace quedarte más solo. Creo que lo que se tiene que quedar la gente es que es una película profundamente familiar.
—¿Qué consejo le darías a los jóvenes que quieren dedicarse al cine o a distintas artes?
Creo que tienen que contar desde las tripas. Y si sus tripas son muy raras, que las saquen aún más, que pongan todavía más sus tripas sobre la mesa. Porque al final, en el detalle está la honestidad. No hay ningún otro lugar.
Preguntas sobre Diego Céspedes y su película
¿De qué trata “La misteriosa mirada del flamenco”?
La película sigue a Lidia, una niña criada por una familia LGBT en un pueblo minero de los años 80. Cuando la comunidad los culpa de una misteriosa enfermedad, la protagonista inicia un viaje marcado por la protección y la venganza.
¿Qué premio ganó Diego Céspedes en Cannes?
Su película “La misteriosa mirada del flamenco” ganó la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes 2025, uno de los reconocimientos más relevantes del certamen.
¿Cuándo se estrena la película en Chile?
El largometraje llegará a las salas de cine chilenas el 12 de marzo, tras su recorrido por festivales internacionales y su nominación a los Premios Goya 2026.






