¿Cuáles son los 4 dolores que aparecen al final del verano: esto dicen los expertos
La académica de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, Waleska Reyes, explica que el cambio brusco entre un verano activo y jornadas más sedentarias puede gatillar dolores musculoesqueléticos que no aparecen de un día para otro, sino que son consecuencia directa de esta transición.
El final de febrero marca una transición abrupta para el cuerpo: semanas con mayor actividad recreativa —como caminatas, playa, pádel, natación o trekking— dan paso a jornadas laborales con más horas sentado, mayor tiempo frente al computador y largos trayectos en automóvil. Este cambio de estímulo es uno de los principales gatillantes de dolor musculoesquelético en esta época del año.
Así lo explica Waleska Reyes, profesora de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, quien señala que durante el verano el cuerpo se adapta a mayores cargas dinámicas propias de la actividad al aire libre. Sin embargo, al volver a la rutina laboral disminuye la movilidad diaria y aumentan las posturas mantenidas, lo que puede intensificar molestias preexistentes o generar nuevos síntomas.
Entre los dolores más frecuentes que se observan en este periodo destacan:
Dolor lumbar. Tras semanas de mayor movimiento, pasar bruscamente a estar sentado por tiempos prolongados puede generar rigidez y sobrecarga en la zona lumbopélvica. Si a esto se suma el estrés del retorno laboral y los cambios en los hábitos de sueño, el dolor lumbar se vuelve aún más frecuente.
Dolor cervical. El aumento de horas frente al computador, la carga de trabajo acumulada tras las vacaciones y la conducción prolongada favorecen una mayor tensión muscular en cuello y hombros. Esto no solo provoca dolor cervical, sino que también puede manifestarse como cefaleas tensionales.
Dolor anterior de rodilla. Después de actividades como trotar, subir cerros o practicar deportes intermitentes, la rodilla puede quedar sensibilizada. Al retomar jornadas largas sentado, con la rodilla en flexión sostenida, es común que aparezca dolor en la parte frontal, especialmente al subir y bajar escaleras o al ponerse de pie tras mucho tiempo sentado.
Dolor de hombro. El contraste entre actividad recreativa intensa y una posterior inactividad relativa puede exacerbar molestias tendinosas. Si además se suman mochilas pesadas o tareas laborales que implican movimientos repetidos o sobre la cabeza, el dolor puede hacerse más evidente.
¿Por qué ocurre esto? Según la especialista, el problema no es solo “moverse mucho” o “moverse poco”, sino el cambio abrupto entre ambos escenarios. El sistema musculoesquelético necesita progresión y variabilidad de carga. Cuando pasa de una alta demanda dinámica a posturas estáticas prolongadas, algunas estructuras quedan más susceptibles a sobrecargas y dolor.
Para un retorno más saludable a la rutina, la recomendación es evitar permanecer sentado o en una misma postura por más de 45 a 60 minutos sin realizar pausas activas, mantener al menos dos a tres sesiones semanales de ejercicios de fuerza —especialmente de tronco y cadera— y retomar el entrenamiento de forma progresiva. En viajes largos, se sugiere realizar pausas para movilizar la columna y las rodillas, y caminar algunos minutos. Ante la aparición de dolor, no normalizarlo y ajustar las cargas a tiempo puede marcar la diferencia.
La clave está en transitar de manera gradual entre el verano activo y la rutina laboral. El cuerpo se adapta bien, pero necesita tiempo, movimiento y planificación.
