Un día como hoy, pero en 1978: Así fue la inauguración de Fantasilandia en el Parque O’Higgins
Un día como hoy, 26 de enero, pero de 1978, Santiago vivió una jornada histórica para la entretención familiar con la inauguración de Fantasilandia, parque de diversiones que con el paso de los años se transformaría en uno de los espacios recreativos más emblemáticos de Chile.
Ubicado en el Parque O’Higgins, el recinto abrió sus puertas tras un intenso proceso de construcción que tomó solo 115 días, sorprendiendo a una ciudad que hasta entonces no contaba con un parque de diversiones de gran escala.
Desde su primer fin de semana, el parque demostró que había llegado para quedarse: más de 15 mil personas ingresaron en sus primeros días, y solo el domingo posterior a la inauguración cerca de 10 mil visitantes disfrutaron de sus atracciones.
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Fantasilandia: el nacimiento de un ícono de la entretención
La apertura oficial estuvo encabezada por el entonces alcalde de Santiago, Patricio Mekis, y contó con ocho juegos iniciales: Pulpo, Century 2000, Mansión Siniestra, Carrusel, Ford T, Amor Express, Alfombra Mágica y los recordados autos chocadores, que rápidamente se convirtieron en uno de los favoritos del público.
Entre las atracciones más comentadas estaba el Pulpo Mecánico, capaz de alcanzar los 50 km/h en un recorrido de casi dos minutos. “Es la primera vez que uno toca andar en estas cosas”, decía un padre en la inauguración, mientras su hijo reconocía que, pese al susto, “es rico” subirse.
El Century 2000, en tanto, ofrecía una experiencia aún más intensa, llegando a los 100 km/h, algo impensado para la época.
Juegos, precios populares y público masivo
Fantasilandia también apostó por juegos accesibles para todas las edades. Los autos chocadores, scooters y el Carrusel reunían a niños y adultos por solo 18 pesos el turno, consolidando al parque como un panorama familiar transversal. Para los más grandes, el Amor Express sumaba velocidad y fuerza centrífuga, cubriendo a las parejas con una carpa en pleno movimiento.
El origen del sueño
La historia del recinto comenzó años antes, a partir de la amistad entre el sacerdote belga Josse Van Der Rest y el agrónomo Gerardo Arteaga. En 1975, Van Der Rest le ofreció unos autos chocadores abandonados para ayudar al Hogar de Cristo. El éxito de esos juegos, primero en Viña del Mar y luego en Santiago, impulsó a Arteaga a pensar en algo mayor.
Tras un viaje a Brasil y con el apoyo del alcalde Mekis, tres socios y un crédito Corfo, se compraron juegos en Europa y se dio vida al parque.


