Trump la hizo otras vez: EEUU capturó buque "fantasma" venezolano protegido por Rusia al borde del "contacto directo"
Una operación militar de alto riesgo permitió a fuerzas estadounidenses tomar control de un buque ligado a Venezuela y Moscú, acusado de evadir sanciones internacionales.
Una compleja y silenciosa operación militar en pleno Atlántico Norte terminó con la incautación de un petrolero acusado de integrar la llamada “flota fantasma”, un entramado marítimo utilizado para eludir sanciones internacionales y mantener el comercio de petróleo entre regímenes aliados. La acción, liderada por Estados Unidos y respaldada logísticamente por el Reino Unido, informó el medio inglés The Sun, reactivó las tensiones geopolíticas con Rusia y volvió a poner en el centro del debate el control de los mares en un escenario global cada vez más frágil y determinado por la arremetida de EEUU contra Venezuela.
El buque, actualmente identificado como Marinera y anteriormente conocido como Bella 1, fue interceptado tras una persecución de casi dos semanas que se extendió desde el Caribe hasta las cercanías del norte de Europa. Fuerzas especiales estadounidenses abordaron el petrolero mediante helicópteros militares, sin encontrar resistencia por parte de la tripulación.
La nave, descrita como antigua y visiblemente deteriorada, quedó bajo custodia de EEUU mientras agentes federales iniciaron una inspección completa de su carga y documentación. Aunque oficialmente no se ha confirmado qué transportaba, autoridades estadounidenses sospechan que el buque podría haber sido utilizado para trasladar petróleo sancionado o incluso material sensible con destino a Venezuela.
Un abordaje que rozó el enfrentamiento directo entre EEUU y Rusia
La operación no estuvo exenta de riesgos. De acuerdo con reportes citados por The Sun, Rusia habría desplegado unidades navales e incluso un submarino para escoltar al petrolero en un intento de impedir su captura. Sin embargo, ese esfuerzo no logró evitar que comandos estadounidenses tomaran control del buque horas más tarde.
Desde Moscú, la reacción fue inmediata y dura. Autoridades rusas calificaron el abordaje como “un acto de piratería” y acusaron a Estados Unidos de violar el derecho marítimo internacional. El Ministerio de Transporte ruso sostuvo que la acción vulnera la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, que garantiza la libertad de navegación en alta mar.
Washington, en tanto, defendió la legalidad de la intervención. El Comando Europeo de EEUU aseguró que la incautación se enmarca en una proclamación presidencial destinada a frenar a embarcaciones sancionadas que, según la Casa Blanca, amenazan la seguridad y estabilidad del hemisferio occidental.
El rol clave del Reino Unido
El Reino Unido tuvo un papel relevante, aunque discreto, en la misión. Fuentes de defensa indicaron que Londres brindó apoyo logístico, incluyendo el uso de bases militares británicas para el despliegue de aeronaves y tropas de EEUU. En la zona también fue detectada la presencia de un buque de la Marina Real británica, preparado para asistir en tareas de reabastecimiento si la situación lo requería.
Además, aviones de patrullaje marítimo y reabastecimiento aéreo operaron en coordinación con cazas británicos, reforzando el cerco sobre el petrolero durante sus últimas horas de huida. El despliegue dejó en evidencia el alto nivel de cooperación militar entre ambos países en escenarios de crisis internacional.
La “flota fantasma” bajo la lupa
El Marinera es señalado como parte de una red de buques que cambian frecuentemente de nombre, bandera y rutas para esquivar controles y sanciones. Estas naves suelen apagar sus sistemas de identificación, falsear su ubicación o navegar con registros alterados, lo que dificulta su rastreo.
Según autoridades estadounidenses, este tipo de flota permite a países sancionados mantener ingresos clave, especialmente a través del comercio petrolero. En el caso venezolano, el crudo sigue siendo la principal fuente de divisas, por lo que cortar esas rutas es considerado estratégico para debilitar a las autoridades vinculadas al régimen de Nicolás Maduro.
La nave incautada incluso habría cambiado de bandera en varias ocasiones, pasando por registros de distintos países antes de aparecer con insignias rusas. También se investiga su posible origen iraní, lo que ampliaría aún más el alcance geopolítico del caso.
Un contexto de presión máxima sobre Venezuela
La incautación se produce en medio de una ofensiva más amplia de EEUU para endurecer el cerco sobre el comercio petrolero venezolano. Desde mediados de diciembre, Washington declaró una suerte de bloqueo total contra buques vinculados al transporte de crudo sancionado, lo que provocó una salida masiva de petroleros desde el Caribe.
De acuerdo con información recogida por The Sun, más de una docena de embarcaciones lograron escapar utilizando tácticas engañosas, como nombres falsos y navegación en “modo oscuro”. Algunas se dirigieron hacia Asia, mientras que otras desaparecieron completamente de los sistemas de seguimiento marítimo.
Para la administración estadounidense, estas maniobras representan un desafío directo a su poder naval y a la efectividad de las sanciones. Altos funcionarios han señalado que el control del comercio marítimo es clave para asfixiar financieramente a los gobiernos que consideran una amenaza.
Riesgos de una escalada mayor
El abordaje del Marinera no solo tiene implicancias económicas, sino también militares y diplomáticas. Analistas advierten que este tipo de operaciones, realizadas cerca de rutas estratégicas y con la presencia de fuerzas rusas, aumenta el riesgo de incidentes que podrían escalar rápidamente.
Por ahora, el buque permanece bajo control estadounidense y su tripulación coopera con las autoridades. Sin embargo, la reacción de Moscú y el silencio inicial sobre la carga exacta alimentan la incertidumbre sobre los próximos pasos.
Mientras continúan las investigaciones, el episodio confirma que el Atlántico vuelve a ser un escenario clave de disputa global, donde petróleo, sanciones y poder militar se entrelazan en un tablero cada vez más tenso.










