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¿Por qué un incendio forestal puede provocar aluviones meses después? Las 4 razones detrás del peligro

¿Por qué un incendio forestal puede provocar aluviones meses después? Las 4 razones detrás del peligro

Por: Andrés Mc Nab Castro
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El fuego puede dejar los terrenos vulnerables durante años, incluso cuando la vegetación comienza a recuperarse. Tras el aluvión que afectó a Las Condes, el Dr. Juan González, académico de la Escuela de Ciencias de la Tierra UNAB, explica por qué las lluvias pueden desencadenar emergencias en zonas previamente quemadas.

Un incendio forestal puede apagarse en cuestión de días, pero sus consecuencias pueden reaparecer meses después, cuando comienza a llover. Lo que antes era una ladera cubierta de vegetación puede transformarse en un terreno vulnerable, donde el agua arrastra barro, piedras y sedimentos hacia las quebradas.

El fenómeno volvió a instalarse en la discusión pública tras el aluvión registrado este jueves 8 de octubre en Las Condes, donde las autoridades vincularon preliminarmente la emergencia con el incendio forestal que afectó a la Quebrada Honda durante el verano.

Pero ¿por qué un incendio puede aumentar el riesgo de aluviones incluso meses después de que las llamas desaparecieron?

“El fuego cambia la forma en que el suelo recibe el agua, y ese cambio dura varias temporadas de lluvia”, explica el Dr. Juan González, académico de la Escuela de Ciencias de la Tierra de la Universidad Andrés Bello.

Las cuatro consecuencias que deja el fuego

1. El suelo comienza a repeler el agua. Las altas temperaturas pueden modificar las propiedades del terreno. El calor volatiliza ceras y resinas de la vegetación, que posteriormente se condensan bajo la superficie y pueden formar una capa que dificulta la infiltración.

Esto significa que, en lugar de absorberse, el agua puede escurrir rápidamente por las laderas, incluso ante precipitaciones que no necesariamente son extraordinarias.

2. La ceniza y la tierra suelta facilitan la erosión. Después de un incendio, las cenizas pueden obstruir los poros del suelo, mientras que la pérdida de cobertura vegetal deja expuestos materiales que antes permanecían protegidos.

Durante los meses secos, parte de estos sedimentos puede desplazarse y acumularse en las quebradas. Cuando llegan las lluvias, el agua puede movilizarlos y generar flujos de barro y piedras.

3. Desaparece la protección de árboles y arbustos. La vegetación cumple una función fundamental al interceptar parte de las precipitaciones y amortiguar su llegada al terreno.

Sin follaje ni hojarasca, una mayor cantidad de agua puede alcanzar directamente el suelo y escurrir hacia los cauces, favoreciendo crecidas rápidas.

4. Las raíces pierden su capacidad de sostener las laderas. El peligro no desaparece cuando termina el incendio. Según González, durante los siguientes uno a tres años, las raíces de la vegetación muerta pueden descomponerse y perder progresivamente su capacidad de estabilizar el terreno.

Esto puede aumentar la susceptibilidad a deslizamientos, especialmente cuando coinciden pendientes pronunciadas y lluvias intensas.

¿Cuánto tiempo permanece el riesgo?

El especialista advierte que la primera temporada de lluvias después de un incendio puede ser especialmente peligrosa, debido a la pérdida de vegetación, la acumulación de sedimentos y las alteraciones del suelo.

En determinadas cuencas quemadas, precipitaciones concentradas de entre 10 y 15 milímetros en una hora podrían ser suficientes para desencadenar flujos de barro, aunque esto depende de las características del terreno, la intensidad del incendio y las condiciones previas de humedad.

Además, el riesgo puede mantenerse elevado durante dos a cinco años, dependiendo de la recuperación de la vegetación y de la estabilidad de las laderas.

El caso de Las Condes ilustra esta preocupación. Un incendio forestal registrado entre diciembre de 2025 y enero de 2026 afectó la vegetación de la zona de Quebrada Honda, sector que posteriormente experimentó episodios de remoción de sedimentos asociados a precipitaciones.

Una situación que también merece atención en la Región del Biobío, donde sectores afectados por los incendios de enero, como Penco, Lirquén, Tomé y Concepción, enfrentan sus primeras temporadas de lluvia tras la pérdida de cobertura vegetal.

Por ello, González enfatiza que el peligro de un incendio forestal no termina necesariamente cuando se extinguen las llamas. Sus efectos sobre el suelo pueden persistir durante años y volver a manifestarse con fuerza cuando llegan las precipitaciones.

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