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Alerta por maní contaminado: ¿qué son las aflatoxinas y qué pueden provocar en el organismo?

Alerta por maní contaminado: ¿qué son las aflatoxinas y qué pueden provocar en el organismo?

Por: Andrés McNab
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Tras la alerta alimentaria emitida por el Ministerio de Salud por la detección de aflatoxinas en maní tostado sin sal, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello explica qué son estas sustancias, qué efectos pueden provocar en el organismo y por qué no siempre es posible reconocer un alimento contaminado a simple vista.

La reciente alerta alimentaria emitida por el Ministerio de Salud por la presencia de aflatoxinas en un producto de maní tostado sin sal volvió a poner atención sobre unas sustancias poco conocidas por la población, pero que pueden representar un riesgo para la salud.

Las aflatoxinas son toxinas producidas por determinados hongos que pueden contaminar alimentos tan cotidianos como el maní, maíz, frutos secos y otros cereales. Y existe una característica que dificulta identificarlas: un alimento puede contenerlas aunque no presente moho visible ni tenga una apariencia extraña.

Lorena Mercado, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, explica que estas sustancias son producidas principalmente por hongos del género Aspergillus, que se encuentran naturalmente en el suelo y pueden colonizar distintos cultivos.

"La contaminación puede ocurrir tanto en el campo, favorecida por la sequía o el estrés de la planta, como durante el almacenamiento, cuando las condiciones de humedad y temperaturas elevadas favorecen el desarrollo de los hongos", señala.

Entre las diferentes variantes existe una que genera especial preocupación: la aflatoxina B1, clasificada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) como carcinógena para los seres humanos.

Desde daño hepático hasta mayor riesgo de cáncer

Las consecuencias dependen, entre otros factores, de la cantidad consumida y del tiempo de exposición.

Según explica Mercado, una exposición aguda a dosis elevadas puede provocar aflatoxicosis, cuadro capaz de generar vómitos, dolor abdominal y daño hepático severo. En situaciones graves, incluso puede llegar a ser mortal.

Sin embargo, uno de los principales riesgos está relacionado con una exposición prolongada a pequeñas cantidades.

"La exposición crónica a dosis bajas se asocia con una mayor incidencia de cáncer hepatocelular, especialmente en personas que además son portadoras del virus de la hepatitis B", explica la académica.

En niños, la exposición sostenida también ha sido vinculada con retraso del crecimiento y desnutrición crónica, particularmente en países donde alimentos susceptibles a este tipo de contaminación, como el maíz y el maní, constituyen parte importante de la alimentación cotidiana.

¿Se puede reconocer un alimento contaminado?

Aquí aparece uno de los aspectos más importantes para los consumidores: mirar u oler un alimento no permite descartar la presencia de aflatoxinas.

"No siempre son visibles. Un alimento puede estar contaminado sin mostrar moho aparente y, a la inversa, la presencia de moho tampoco confirma necesariamente la existencia de esta toxina. Por eso no podemos confiar solamente en la inspección visual u olfativa", advierte Mercado.

La especialista recomienda preferir productos envasados y de origen conocido, que estén sujetos a controles de calidad, además de mantener atención sobre el estado de frutos secos y cereales antes de consumirlos.

Si presentan decoloración, aspecto arrugado, moho visible u olor rancio, la recomendación es descartarlos.

Ante una alerta sanitaria específica, además, es importante revisar la marca, lote y fecha de vencimiento informados por la autoridad y no consumir el producto afectado, aunque su apariencia, sabor u olor parezcan normales.

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