“Se cree perro”: la insólita historia de Minimishi, la gata que pasea con arnés y saluda a sus vecinos
La gata naranja se ha hecho conocida en Maipú por una particular rutina que poco tiene que ver con el comportamiento que muchos esperan de un felino. Su dueña, Paz Medina, contó cómo llegó a su vida y las aventuras que terminaron convirtiéndola en toda una celebridad en redes sociales.
Minimishi no pasa inadvertida cuando sale de casa. Con su arnés puesto, la gata naranja recorre las calles de Maipú junto a su dueña, saluda a los vecinos y protagoniza una rutina que podría confundirse fácilmente con la de un perro.
Detrás de sus paseos y de los cerca de 500 mil seguidores que acumula en TikTok, existe una historia marcada por el rescate, una adopción que no resultó y hasta un accidente que dejó una característica permanente en su rostro.
Su dueña, Paz Medina Delgado, relató a LUN cómo Minimishi llegó a su vida cuando tenía apenas siete días. En ese entonces, Paz se dedicaba al rescate de gatos callejeros, aunque reconoció que sabía muy poco sobre ellos.
“Yo pensaba que vivían dos años, era ultra mega ignorante en el tema”, admitió.
Minimishi llegó a su vida con solo siete días
Todo comenzó mientras Paz viajaba en micro para entregar otro gato en adopción. Una desconocida se sentó a su lado y le hizo una inesperada propuesta.
“Me dijo: ‘Oye, ¿te gustan los gatos? Una gatita parió en mi casa y parece que la mamá se murió, está en mi macetero’”, recordó.
Esa misma noche pagó un viaje para ir a buscarla. La pequeña gata estaba aferrada a su madre fallecida y tenía apenas una semana de vida.
“La solté de la tetita porque estaba muy aferrada, gritaba y gritaba. Nunca había escuchado un gato gritar tan fuerte”, contó.
Desde entonces comenzó a cuidarla y alimentarla con leche cada dos horas. Minimishi creció, además, en un ambiente poco habitual para un gato: rodeada de perros grandes, entre ellos dos rottweiler y un dóberman.
“No salía a ninguna parte y la Mini estaba vuelta loca, se me arrancaba, me escalaba la reja. Le puse arnés y nunca le molestó: con tal de estar en la calle me acepta que le pusiera lo que fuera, hasta un gorro de oso”, explicó Paz.
Con el tiempo, la gata incluso comenzó a elegir con quién relacionarse. “Antes de cumplir los seis meses decidió que iba a odiar a los gatos y que ella no era un gato”, relató su dueña.

La dieron en adopción, pero volvió un mes después
Paz inicialmente intentó encontrarle otro hogar a Minimishi. Sin embargo, apenas un mes después se la devolvieron.
“Me dijeron ‘sabes que se porta muy mal, más encima soy alérgica, no aguanto a este gato, ven a buscarlo ahora’”, recordó.
Cuando fue a buscarla, la situación terminó por convencerla de que debía quedarse definitivamente con ella.
“La encontré al otro día gritando en unas parcelas. La llamé, llegó corriendo, la agarré y le dije a mi mamá ‘me la quedo, me hago cargo yo’”, señaló.
Minimishi también posee una característica física que la hace fácilmente reconocible: tiene uno de sus colmillos inferiores asomado. Esto ocurrió luego de un accidente cuando tenía seis meses.
“Vio un pastor alemán y saltó arriba del panderón que iba a jugar con ella. La mordió, casi me la mata; quedó inconsciente arriba de un árbol”, relató Paz. Posteriormente, mientras intentaba rescatarla, sufrió otra caída y la gata terminó con una lesión que provocó la pérdida de un diente.
Una gata que se hizo conocida en su barrio
Mucho antes de convertirse en un fenómeno de TikTok, Minimishi ya era reconocida por los vecinos de su sector.
“Cuando se me arrancaba yo andaba casa por casa preguntando ‘¿Han visto a un gato naranja?’”, recordó su dueña.
Actualmente comparte su hogar con tres perros y, según Paz, mantiene una particular relación con ellos. “Le gusta dormir arriba de él, el perro la aplasta y ella grita porque es súper exagerada, lo muerde, pero lo ama”, contó sobre uno de ellos.
Su gusto por los paseos tampoco desapareció. Aunque actualmente comprende mejor cuando no puede salir, durante un tiempo hacía notar inmediatamente su molestia.
“Antes si un día no la sacaba se portaba muy mal, me gritaba todo el rato, se hacía pipí por todas partes. Ahora hay veces que no puedo y lo entiende”, aseguró.
El veterinario y etólogo clínico Enzo Roubaud explicó que no existe evidencia suficiente para diagnosticar a estos animales como “gatos caninos”. Sin embargo, reconoció que algunos felinos pueden disfrutar de salir junto a sus dueños.
En el caso de Minimishi, su particular personalidad, su crianza entre perros y su costumbre de recorrer el barrio con arnés terminaron transformándola en una figura reconocible tanto en las calles de Maipú como en redes sociales.

