Factor de cambio: Las ventajas de crear una huerta personal y comunitaria

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El origen de la agricultura se remonta a unos 10 mil años atrás, y desde aquellos tiempos existe una relación directa con el desarrollo de las ciudades de tal forma que sin una evolución en las tecnologías agrícolas, los núcleos urbanos tampoco podrían haber crecido. 

Es más, cultivar nuestros alimentos de manera localizada dentro de las zonas urbanas se remonta al origen de las ciudades donde vivimos hoy en día.

Dependemos de la agricultura.

Sin embargo, a pesar de que la agricultura y las huertas nos acompañan desde tiempos remotos, a partir de los años 70 se produjo un auge en su creación y producción debido a los procesos sociales y económicos que se estaban viviendo en esos momentos. De esta forma, la concepción de las huertas trabajadas en campos en la periferia comenzó a cambiar y a aceptarse dentro de las mismas ciudades y, sobre todo, dentro de los hogares.

Chile lleva algunos años ya viviendo esta evolución hacia las huertas urbanas, donde ha sido posible acercar la producción de los alimentos al consumidor. De hecho, producto de la pandemia y las cuarentenas intermitentes, muchas personas incluso han tomado el desafío de construir sus propias huertas. 

¿De qué manera se construye una huerta?

Según Gabriela Saldías, ingeniera agrónoma y magíster en Áreas silvestres y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, existen varias modalidades para formar un huerto: “Incluye desde el huerto familiar, en el patio de la casa, que poniendo atención a la historia, forma parte del legado cultural de los habitantes del país, tanto a nivel urbano como rural, la modalidad del huerto jardín (Rathgeb, 1994) en que las plantas alimenticias y medicinales se integran al jardín ornamental. Y las huertas comunitarias en que participan grupos de personas, en que muchas veces el motivo de la reunión es exclusivamente el planificar, construir y mantener una huerta y en que el lugar físico donde realizarlo en la mayoría de los casos no ha sido designado para ese fin: es la comunidad la que lo descubre y propone”.

En cuanto a este último tipo de huerta, en su artículo “Huerta urbana comunitaria, una buena práctica social”, Gabriela explica que el trabajo en huertas comunitarias tiene muchos beneficios para las personas que trabajan en ellos:

  1. Todos los nuevos conocimientos que se adquieren en cuanto al cultivo de alimentos, como por ejemplo “la planificación de la huerta, forma de preparar el terreno, épocas de siembra y plantación, aplicación de alta biodiversidad”, etc. 

  2. Trabajar al aire libre, tomar conciencia de la alimentación y utilizar productos libres de fertilizantes químicos aporta al bienestar físico.

  3. Trabajar con la tierra y en contacto directo con la naturaleza “aportan paz, tranquilidad, relajación, desconexión de los problemas, motivación, alegría, sirve de terapia”.

  4. La participación de las actividades en torno a la huerta comunitaria aportan a la “creación de vínculos, el sentido de pertenencia a una comunidad, poder compartir experiencias, crear confianzas, amistad y compañerismo”. (Saldías, 2016)

¿Y si no puedo tener mi propio huerto?

A pesar de todos los beneficios que puede traer tener nuestro propio huerto o incluso pertenecer a un huerto comunitario, también es cierto que muchos de nosotros no contamos con el tiempo y/o condiciones para hacerlo. Sin embargo, esto no significa la imposibilidad absoluta de acceder a productos cultivados de esta manera. A lo largo de Chile existen muchos huertos que trabajan de manera sustentable, libres de químicos y fertilizantes, con trato justo a las personas y a la Tierra.

Un ejemplo de esto es Huerto Los Chilcos, quienes se encuentran en la Región de Los  Ríos, en la cuenca del Lago Ranco.

Desde 2019 este huerto se encuentra cultivando la tierra mediante un modelo de agricultura regenerativa, trabajando suelos fértiles y limpios de químicos sintéticos, donde cada año gracias a su trabajo se enriquece la calidad del suelo.

La propuesta de Huerto Los Chilcos es crear una relación campo-casa que sea confiable, donde las personas pueden estar seguras de que los alimentos que consumirán son directamente traídos desde la huerta a la mesa.

Los invitamos a revisar la nota que trabajamos junto a ellos:

 


Escrita por Beatriz Costa

 

Referencias:

Saldías, G. 2016. Huerta urbana comunitaria, una buena práctica social. DU & P: revista de diseño urbano y paisaje. Santiago de Chile, 54-60pp.

Rathgeb, W. 1994. Huerto Jardín. Santiago de Chile, 296pp.

Richter, F. y Cuenca, J. 2018. Huertos de ocio y vida comunitaria. La agricultura urbana como experiencia de participación ciudadana. Universidad de la Rioja, España, 189-212pp.