Blog Equipo: Robo de gas

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Vivimos en un país frío, donde cada invierno viene acompañado de esas infaltables soluciones para abrigar hasta el alma, como los calzoncillos largos, guateros (con y sin uñas), calcetines chilotes y dormir cucharita (para los que pueden). Pese a estos infalibles métodos ancestrales (a los que podríamos sumar las sopaipillas con mostaza) existe un método que cada vez penetra más hogares en nuestro querido país que crece sin parar (según la encuesta casen), me refiero al uso de calefactores, estufas y todo lo que sea calentito. Porque desde esa agua tibia que baña su desnudo cuerpo por las mañanas, hasta ese café que logra despertarlo del sueño que lo tiene medio atontado, todo eso sucede gracias a un vital elemento: el gas. Sí, el gas. A menos que usted utilice sistemas eléctricos (motivo por el cual le pediré que se retire de este blog) el gas es un elemento muy importante para las personas. Quizás no es como el mar que tranquilo nos baña, ni como ese cielo azulado ni mucho menos como la luna, el sol y el auto (o el gato, nunca entendí bien ese comercial del manjar). Porque a pesar de no tener estrofas en una canción, el gas es más que unos niños vestidos de llamas o un perro que habla gracioso, el gas es bakán (y muy necesario).

Es por esto y más que da tanta rabia ver cómo los repartidores se aprovechan de sus clientes vendiendo menos gas por el mismo precio. Es por esto y más que da impotencia verlos trasvasijar el contenido de un balón para rellenar otro y engañar a las personas. Seguramente usted que vio el capítulo de este domingo (en su nuevo horario) en un momento de debilidad pensó “aaayy pobrecitos, los mojaron. Pero si no es tan malo lo que hicieron”. Bueno, ahora que le he resumido lo importante que es el gas, me imagino que comprendió lo grave de esta situación. Más encima, estos sujetos hacían la maldad en plena vía pública, con el peligro latente de provocar una explosión. Recuerdo muy bien cuando estábamos grabándolos sin entender muy bien por qué colgaban un balón y luego conectaban una extraña manguera. El olor a gas era evidente, pero lo que más nos alarmó fue ver a Francisco (el repartidor que hacía el trasvasije) con un cigarro encendido en su boca. De verdad pensamos “estos tipos además de descarados, parece que están locos”.

Como en cada capítulo el llamado final es a prevenir. Claramente en este caso es complejo, porque los balones vienen sellados y cuesta saber cuál es el peso real. Por lo mismo y como mucha gente en las redes sociales lo comentó, ante la duda pese el balón. Por si usted no lo sabía los mismos repartidores tienen pesas por si el cliente le pide comprobar la cantidad de gas que trae el pedido. Así que ya lo sabe, a estar más atentos. La prevención es la mejor manera de hacer caer a estos chantas en su propia trampa.